miércoles, 14 de abril de 2021

2. Síndrome del impostor.

Hay pocas cosas constantes en mi vida y el síndrome del impostor está en el top 3.

Alguna vez me propuse enlistar todos los logros obtenidos en mis +20 años pero, si soy sincera, tengo más quejas que logros. Repasemos: terminé una carrera universitaria, alguna vez gané un iPod en un concurso literario, también gané un álbum de una banda japonesa que no me gusta, tuve la oportunidad de aprender inglés desde niña y logré certificarme, tengo un trabajo estable donde me pagan bien y tengo buenas prestaciones, no me he embarazado, tengo tiempo libre y gracias a mi trabajo he conseguido hacerme de mis cositas y pagar mis cuentas médicas. Nada mal, pensarían algunos.

No es suficiente. Quisiera saber más, hacer más, vivir más, disfrutar más. ¿Cuándo será suficiente? A veces siento que estoy haciendo lo correcto y por un instante me siento plena y satisfecha. Son pocas las ocasiones en las cuales siento que estoy disfrutando el momento pero al final del día me encuentro mirándome al espejo: una inmensa masa grisácea que somos yo y ese vacío de saberse insuficiente.

Algunas personas tienen talento para dibujar, cantar, tocar algún instrumento, ser carismático, aprender muchos idiomas, crear con las manos, bailar... Yo no he encontrado el mío y así he pasado más de veinte años viviendo sin haber pulido ese talento. No quisiera ser tajante y negar su existencia pues dicen que todos tenemos uno pero, ¿y si no es así? 

No pretendía escribir sobre esos pensamientos aquí, ya empezamos con el pie izquierdo. El pensamiento ha estado presente a lo largo del día. ¿Por qué pretendo aprender un nuevo idioma?, ¿por qué sigo en RSS si no suelo interactuar con alguien?, ¿por qué nada me llena?, ¿por qué lo que solía hacer ya no es parte de mí?, ¿en qué momento lo perdí?

La lección del día podría ser busca tu talento interior y permítete vivirlo día a día. Ojalá así fuese.


sábado, 10 de abril de 2021

1. Un hogar.

 Me encontré viajando sin fijar un destino. Cada día, al salir del trabajo, tomaba el metro solo para caer en cuenta que no sabía dónde debía bajar. Lo sabía pero mi corazón no parecía reconocer aquellas estaciones como mi verdadero hogar.

Si cierro los ojos puedo volver a mi primer intento de hogar. La memoria trae consigo el trino de los pájaros cada mañana, el sonido de la vecina regando las flores del jardín común, el aroma del café y los besos de despedida. Pensaba que no se dio la oportunidad de crear tantos recuerdos pero basta con esos pocos para entender que alguna vez formé parte de un hogar y una familia.

¿Por qué es tan importante vivir una casa o un departamento? Soy terca. Pienso que yo también merezco esa oportunidad de encontrar paz, convivir con el silencio, abrazar la adorable rutina, limpiar, hornear, cuidarse y cuidar las raíces de concreto. No puedo pensar en algo que añore más en este momento que tener ese espacio para mí y todo lo que amo. Y vendrá, eso lo sé. 

#Lección: trabajar la paciencia. Trabajar por lo que quieres.

3. El paso de un huracán.

 ¿En qué piensas cuando te encuentras ante un huracán? No me refiero al fenómeno meteorológico. Los huracanes son retratos familiares. Y tam...